Entrar en Mestalla es una sensación
extraña. Los aledaños del templo valencianista estaban llenos de
gente, muchos con paraguas, sabiendo de lo que iba a ir la velada.
El ambiente era de Champions, algo que la ciudad había comenzado a
olvidar, pero sí, la gente estaba contenta, esta noche tenía que
ser la que nos catapultara a la siguiente fase sin despeinarnos.
Aunque por delante nos quedasen algunos partidos de grupos.
Mestalla está tranquilo a más de una
hora de comenzar con la fiesta. Nos toca el puesto 14 de prensa y
aspiramos despacio, el aroma a césped mojado e ilusión nos
embriagan. Es normal que todos deseemos llegar a esta dura, pero
satisfactoria competición. No hay nada igual en el mundo fútbol.
A una hora todavía del inicio del
partido los hinchas del KAA Gent ya estaban agolpados en su grada,
cantando, animando y enfrentándose al frío y la lluvia. El Gent es
la perita en dulce de la fase de grupos, son un equipo asequible, de
los que sabes que te van a “regalar” los tres puntos, pero ya se
sabe, no hay rival pequeño. O al menos, rival que se deje vencer sin
oponer resistencia.
A las 20:15 sale al campo el Valencia
para calentar. Aplausos y música es lo que suena para darles la
bienvenida, el campo todavía luce muy vacío, de hecho entre la
lluvia y el escaso interés que despierta el Gent, parecía
previsible que no hubiera una buen entrada.
Los belgas del Gent quieren demostrar
que no han venido de vacaciones a Valencia y que su única misión
aquí es mostrar su pasión, así que lanzan un grito atronador que
responden los valencianistas. El ambiente no será dócil visto lo
visto.
Suena el himno de la Champions y es
inevitable que algo se remueva por dentro de todos nosotros, esta
competición es la crema de cuantas haya en Europa, la orejona es una
copa sin igual.
Santi Mina tiene ese primer gol en las
botas frente a Sels, pero falla, algo que por desgracia se transforma
en la tónica del encuentro. En nuestro primer córner a los 13
minutos, Mustafi cabecea, saltando por encima de los demás, pero su
testarazo sale fuera por poco. Estábamos perdonando a un Gent que
daba muestras de debilidad defensiva, pero que no temía, porque
tenía poco que perder, al encarar a Jaume. Pero claro, los de
Flandes carecían de la pericia necesaria para incrustar el balón en
la red. Ya en el 14 nuestras embestidas contra el rival tuvieron su
premio: como una exhalación Cancedo corre y centra a Alcácer, que
inteligente cede el esférico a Feghouli, que termina rematando.
Mestalla explota en una ovación, pese a la falta de puntería ese
gol significaba 3 punto de oro. Es verdad que el Gent seguía en el
campo, pero se mostraba impasible ante el torrente de tiros a puerta
de los ché.
La lluvia se acentúa y comienzan a
aparecer en el estadio paragüas y chubasqueros, el frío se
intensifica y un pequeño halo de niebla se posa en el campo. Esta no
es una buena noticia: con la lluvia hay un césped más rápido y así
más proclive a acelerarse o perderse el balón en las jugadas con
poco espacio. Además los belgas juegan más habitualmente con lluvia
y con su campo mojado, y eso es algo que les favorece, pues saben
mejor dominar con el terreno rápido y resbaladizo.
El Valencia está empeñado en hacer
que nuestro corazón se nos salga por la boca. Parejo falla un
rechace y no logra marcar, Mestalla se lo hace saber, pero sin tiempo
para reaccionar a ese posible tanto, Alcácer erra in extremis una
jugada combinativa. ¿Dónde tenían la mente los jugadores del
Valencia?. El partido para nada estaba ganado, de hecho, con la
lluvia, el frío y un Gent correoso que no iba a dejarse amilanar, el
partido se había transformado ya no en un paseo, si no es un
suplicio. En cualquier momento podía venir el gol.
En el minuto 30 algunos cánticos
desafortunados de una parte de la afición nos hacen sentir
vergüenza, por suerte es un sector pequeño.
Santi Milla juega y enamora, un caño
por aquí, un pase preciso por ahí, pero poca eficacia de cara al
gol.
Y con ese panorama y a 6 minutos del
final, un jarro de agua fría nos cae encima, y es que el Valencia
había estado jugado de modo desordenado, con una llegada tímida y
con exceso de miedo en los metros finales, cosa que hacía que el gol
no llegara. Pero los belgas sí que marcaron. Thomas Foket lanza un
tiro fuerte, sin concesiones, de esos que los porteros saben
imparables. Y así fue. Jaume había estad justo todo el partido,
tampoco le habían incordiado mucho que se diga, pero Foket lo batió
sin miramientos. ¿Era justo el empate?. Podríamos decir que no,
porque el Valencia tuvo ocasiones, pero quien perdona...
En la segunda parte más de lo mismo,
el Valencia atacaba y siempre fallaba en su intención final de
marcar. Nuno vio que Mina no daba más de sí, la verdad es que había
hecho un gran partido, de los que no son para enmarcar pero sí para
elogiar. Piatti emergió del banquillo para dar seguridad al equipo.
Este partido había que ganarlo, porque no se pueden perder puntos
con rivales de entidad menor, por ahí se suelen escapar las
clasificaciones. Y en esta ocasión no contábamos con nuestro ariete
Negredo por decisión del entrenador. Rodrigo también pisa el
césped, mira al cielo nublado y húmedo y nos promete con la mirada
que hoy salimos victoriosos. Es Parejo el que se marcha, su
oportunidad fallida aún duele con éste ignominioso resultado, pues
el 2-1 había estado a unos centímetros.
Los azules están animado, no tanto por
el juego que han desplegado, sino por la falta crónica de acierto
del Valencia, y la cada vez más real posibilidad de llevarse un
punto dorado para ellos. Y claro, el orgullo de haberle ganado a un
grande del continente. Saben que haciendo faltas, perdiendo tiempo y
jugado a nada, consiguen que el cronómetro siga. Y esa es su táctica
en los últimos compases del encuentro.
Y de repente, con los nervioso a flor
de piel, aparece una estrella en el campo. Gayà marca un gol que
celebra cual final de Champions, lanzándose al césped de rodillas,
ante la ovación de un público que había estado en vilo todo el
partido, pues el ansiado gol no llegaba y el resultado era a todas
luces injusto. Con la alegría en el cuerpo Jaume detiene un balón a
quemarropa del Gent. Dos héroes para la afición esa noche de
Champions lluviosa: Gayà y Jaume.
El Valencia no puede seguir asustado de
cara a la portería, porque tiene potencial, pese a que Negredo esté
en el rincón de pensar. La fragilidad mostrada por el grupo cuando
son acuchillado por un gol inaudito debe ser corregida, porque los
minutos después de ése gol, se vio a un equipo perdido sobre el
césped e incapaz de combinar jugadas con mayor coherencia.
Javier Caro







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