miércoles, 21 de octubre de 2015

Victoria complicada por la falta de gol

Entrar en Mestalla es una sensación extraña. Los aledaños del templo valencianista estaban llenos de gente, muchos con paraguas, sabiendo de lo que iba a ir la velada. El ambiente era de Champions, algo que la ciudad había comenzado a olvidar, pero sí, la gente estaba contenta, esta noche tenía que ser la que nos catapultara a la siguiente fase sin despeinarnos. Aunque por delante nos quedasen algunos partidos de grupos.

Mestalla está tranquilo a más de una hora de comenzar con la fiesta. Nos toca el puesto 14 de prensa y aspiramos despacio, el aroma a césped mojado e ilusión nos embriagan. Es normal que todos deseemos llegar a esta dura, pero satisfactoria competición. No hay nada igual en el mundo fútbol.

A una hora todavía del inicio del partido los hinchas del KAA Gent ya estaban agolpados en su grada, cantando, animando y enfrentándose al frío y la lluvia. El Gent es la perita en dulce de la fase de grupos, son un equipo asequible, de los que sabes que te van a “regalar” los tres puntos, pero ya se sabe, no hay rival pequeño. O al menos, rival que se deje vencer sin oponer resistencia.
A las 20:15 sale al campo el Valencia para calentar. Aplausos y música es lo que suena para darles la bienvenida, el campo todavía luce muy vacío, de hecho entre la lluvia y el escaso interés que despierta el Gent, parecía previsible que no hubiera una buen entrada.

Los belgas del Gent quieren demostrar que no han venido de vacaciones a Valencia y que su única misión aquí es mostrar su pasión, así que lanzan un grito atronador que responden los valencianistas. El ambiente no será dócil visto lo visto.
Suena el himno de la Champions y es inevitable que algo se remueva por dentro de todos nosotros, esta competición es la crema de cuantas haya en Europa, la orejona es una copa sin igual.

Santi Mina tiene ese primer gol en las botas frente a Sels, pero falla, algo que por desgracia se transforma en la tónica del encuentro. En nuestro primer córner a los 13 minutos, Mustafi cabecea, saltando por encima de los demás, pero su testarazo sale fuera por poco. Estábamos perdonando a un Gent que daba muestras de debilidad defensiva, pero que no temía, porque tenía poco que perder, al encarar a Jaume. Pero claro, los de Flandes carecían de la pericia necesaria para incrustar el balón en la red. Ya en el 14 nuestras embestidas contra el rival tuvieron su premio: como una exhalación Cancedo corre y centra a Alcácer, que inteligente cede el esférico a Feghouli, que termina rematando. Mestalla explota en una ovación, pese a la falta de puntería ese gol significaba 3 punto de oro. Es verdad que el Gent seguía en el campo, pero se mostraba impasible ante el torrente de tiros a puerta de los ché.

La lluvia se acentúa y comienzan a aparecer en el estadio paragüas y chubasqueros, el frío se intensifica y un pequeño halo de niebla se posa en el campo. Esta no es una buena noticia: con la lluvia hay un césped más rápido y así más proclive a acelerarse o perderse el balón en las jugadas con poco espacio. Además los belgas juegan más habitualmente con lluvia y con su campo mojado, y eso es algo que les favorece, pues saben mejor dominar con el terreno rápido y resbaladizo.

El Valencia está empeñado en hacer que nuestro corazón se nos salga por la boca. Parejo falla un rechace y no logra marcar, Mestalla se lo hace saber, pero sin tiempo para reaccionar a ese posible tanto, Alcácer erra in extremis una jugada combinativa. ¿Dónde tenían la mente los jugadores del Valencia?. El partido para nada estaba ganado, de hecho, con la lluvia, el frío y un Gent correoso que no iba a dejarse amilanar, el partido se había transformado ya no en un paseo, si no es un suplicio. En cualquier momento podía venir el gol.

En el minuto 30 algunos cánticos desafortunados de una parte de la afición nos hacen sentir vergüenza, por suerte es un sector pequeño.
Santi Milla juega y enamora, un caño por aquí, un pase preciso por ahí, pero poca eficacia de cara al gol.

Y con ese panorama y a 6 minutos del final, un jarro de agua fría nos cae encima, y es que el Valencia había estado jugado de modo desordenado, con una llegada tímida y con exceso de miedo en los metros finales, cosa que hacía que el gol no llegara. Pero los belgas sí que marcaron. Thomas Foket lanza un tiro fuerte, sin concesiones, de esos que los porteros saben imparables. Y así fue. Jaume había estad justo todo el partido, tampoco le habían incordiado mucho que se diga, pero Foket lo batió sin miramientos. ¿Era justo el empate?. Podríamos decir que no, porque el Valencia tuvo ocasiones, pero quien perdona...

En la segunda parte más de lo mismo, el Valencia atacaba y siempre fallaba en su intención final de marcar. Nuno vio que Mina no daba más de sí, la verdad es que había hecho un gran partido, de los que no son para enmarcar pero sí para elogiar. Piatti emergió del banquillo para dar seguridad al equipo. Este partido había que ganarlo, porque no se pueden perder puntos con rivales de entidad menor, por ahí se suelen escapar las clasificaciones. Y en esta ocasión no contábamos con nuestro ariete Negredo por decisión del entrenador. Rodrigo también pisa el césped, mira al cielo nublado y húmedo y nos promete con la mirada que hoy salimos victoriosos. Es Parejo el que se marcha, su oportunidad fallida aún duele con éste ignominioso resultado, pues el 2-1 había estado a unos centímetros.

Los azules están animado, no tanto por el juego que han desplegado, sino por la falta crónica de acierto del Valencia, y la cada vez más real posibilidad de llevarse un punto dorado para ellos. Y claro, el orgullo de haberle ganado a un grande del continente. Saben que haciendo faltas, perdiendo tiempo y jugado a nada, consiguen que el cronómetro siga. Y esa es su táctica en los últimos compases del encuentro.

Y de repente, con los nervioso a flor de piel, aparece una estrella en el campo. Gayà marca un gol que celebra cual final de Champions, lanzándose al césped de rodillas, ante la ovación de un público que había estado en vilo todo el partido, pues el ansiado gol no llegaba y el resultado era a todas luces injusto. Con la alegría en el cuerpo Jaume detiene un balón a quemarropa del Gent. Dos héroes para la afición esa noche de Champions lluviosa: Gayà y Jaume.

El Valencia no puede seguir asustado de cara a la portería, porque tiene potencial, pese a que Negredo esté en el rincón de pensar. La fragilidad mostrada por el grupo cuando son acuchillado por un gol inaudito debe ser corregida, porque los minutos después de ése gol, se vio a un equipo perdido sobre el césped e incapaz de combinar jugadas con mayor coherencia.


Javier Caro






No hay comentarios:

Publicar un comentario