La suerte que tiene el líder es algo que siempre sucede, y no hay nada mejor que estar en racha, pues la propia inercia hará que sigan en esa espiral de buena suerte. O por lo menos eso es lo que creo después de ver al Lucentum. Y la verdad es que gracias a los chicos de Kuko esta competición está siendo de infarto, de apuestas airadas por saber cuál de los dos equipos todavía invictos, Sammic ISB y nuestro club, sucumbirá primero a la derrota. Aunque el morbo estaría servido si llegan así hasta encontrarse en el calendario.
Lo primero que había que hacer antes del partido era guardar un minuto de silencio por la muerte del entrenador del CAI Zaragoza, José Luís Abós, que perdió la vida luchando contra el cáncer, y que no se podía pasar por alto. Por él, y por todos los que ya no están en el mundo, a veces menospreciado, del baloncesto, había que salir y morder pintura como pocas veces. Y así se hizo.
Los alicantinos, señores de los partidos ganados y remontados en los últimos cuartos, de los encuentros donde se tira más de ese empujón final que nos da la casta, dieron un gran espectáculo. Nos demostraron a todos que en muchas ocasiones sólo hay que tirar de coraje. Es cierto que Vidal, el héroe de otros partidos, no tuvo su día, pero no todo consiste en anotar, es más, puntuar es algo secundario cuando lo que se tiene que hacer es levantar al equipo, echarse a la afición a la espalda y levantar los brazos como un espartano después de haber encestado el único triple que metió en todo el encuentro. Gestos que levantan pasiones, que endurecen el alma, un alma que estaba un poco de resaca después de ir perdiendo y ver que nos estrellábamos contra muros de hormigón como Yates o Obade. Los líderes sacan lo mejor de todos, y en ese momento de inflexión volvimos a creer en algo a lo que nos tienen acostumbrados estos chicos, que son magníficas remontadas. También existen momentos en lo que el equipo necesitó de alguien que cogiera la batuta y se pusiera a repartir juego, a meter canastas, a devolver la valentía al parqué, con la que parece que no habían salido en los tres primeros cuartos, ese era hoy, porque otros días han sido otros como Vidal o Marín, pero en este partido, en esta lucha por permanecer en lo más alto, iba a ser Navajas el hombre que anotó veinte puntos y que cogió 5 rebotes. Pasamos de ir caminando como los zombies de REC a comernos la pintura, a derrumbar los muros que había creado Iurgi Caminos, que después alabó el trabajo de los de Cruza en rueda de prensa.
Es cierto que nos encanta saber que pese a ir perdiendo, y tener el espíritu un poco bajo en los primeros compases del juego, el equipo es capaz de despertar, de ponerse el mono de trabajo y de tirar de garra. De hecho Kody y Dominguez pillaban en el último cuarto todos los balones, Marín despertó y demostró por qué es uno de los grandes de esta plantilla. El equipo reaccionaba, desde el banquillo se veía a un entrenador de los nervios, sabiendo que está haciendo historia y esperando el partido que rompa el sueño en el que vivimos. Y que por suerte, esa suerte del líder, sigue sin llegar. En ese momento nos dábamos cuenta que tal vez el resplandor de las zapatillas naranjas de Obade o la envergadura de Yates podían haber dificultado la visión certera de nuestros chicos, pero cual samuráis se habían zafado de sus máscaras, y aleccionados por Kuko, salieron, jugaron y consiguieron ponerse siente puntos arriba. El Lucentum ganó, y cerró los ojos pensando que esa noche dormiría como líder en solitario, pero despertó al ver que también hay otro equipo en esta tabla de Flandes, que tiene ganas de encontrarse con él bajo el sol, y con el tambor lleno de triples y mates. Ojalá asistamos al mayor espectáculo del mundo, al fin del liderazgo, al partido donde los dos lleguen sin haber conocido el sabor amargo de la derrota, sin que sus motivaciones se hayan visto alteradas por nada. Ojalá veamos a Kuko frente a Iraurgi, entrenador del equipo vasco y además el técnico más joven de la competición, luchando en las mismas condiciones, los dos invictos. Sería algo más que un simple partido.
En la grada la gente no parecía preocupada, porque estamos comenzando a saber lo que es ganar, recordando lo que supone estar arriba y sabiendo que las machadas son parte del genoma de éste renovado y muy joven equipo.
Javier Caro.
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