Ser líder siempre es un compromiso. Compromiso con la afición, afición que espera verte ganar y ganar, compromiso con los medios que les encanta poder ver como sus titulares atraen gran cantidad de curiosos ojos para ser comprados sus periódicos. Ser colider, además te pone en una encrucijada de esas enormes que sólo tienen una solución, como si se tratase de una carrera de vainas en Tatooine, saber que quién pierda muere. Sobre todo en una división donde cada victoria es mucho más que eso, quizás de éste concepto de “victorias para conquistar corazones y seguir vivos”, poco o nada sepan algunos clubes de fútbol, pero en el baloncesto del ADECCO Plata, una victoria es más que una victoria.
Volver a ser grandes es un objetivo, quizás no el de esta temporada, pero hay que tener por seguro que ese, y no otro, debe ser el objetivo final de cualquier club que se precie, y éste se precia. En el pabellón teníamos a un exjugador muy especial del equipo en la grada, jugador que ha sido de la casa, persona que han luchado y se han partido la cara por el club. En la grada estaba Iñaki de Miguel, jugador que nos trae a la retina grandes momentos del Lucentum, cuando el club aspiraba a ser lo máximo aquella temporada de 2003/2004, cuando se jugó por primera vez competición europea, y los corazones de los aficionados no cabían en sus pechos de ilusión. Jugador que se marchó de la competitiva liga griega para regresar a los brazos de la ACB, pero a una ciudad distinta de su Estudiantes. Iñaki, ahora es el director deportivo del Getafe, y supongo que estaría con su corazón dividido. Jugador que nos hace recordar lo grandes que fuimos, cuando en su segunda temporada en casa nos clasificamos para la Copa del Rey, los Payoff y la ULEB Cup. Y digo que seguro que tenía el corazón dividido porque en una declaraciones a ABC, decía lo siguiente del equipo alicantino:“Alicante significa mucho para mí y le deseo mucha suerte en todos los aspectos y desde la distancia les apoyaré siempre”.
Esta semana hemos vuelto a ganar, y ya van cuatro veces consecutivas, el margen ha sido tan pequeño que ha vuelto a generar ciertas dudas en la afición y en los propios jugadores, esta semana, además hemos vuelto a comenzar mal en el partido, como desenchufados, como si la cosa de ser líderes no fuera con nosotros, como si eso sucediera en otro lado. El CB Getafe, nos puso contra las cuerdas, pues iba con un parcial el primer cuatro de 19-16. Pero ante la pasividad de algunos volvió a salir la garra, esa garra acechante que solamente emerge en los momentos de derrota, parece que vamos con energía diesel, tardamos en reaccionar, pero lo hacemos. Marín, que venía de CAI, ese club que todavía se encuentra conmocionado por la muerte de su faro en el banquillo, un genio de la pizarra que caía con las botas puesta, estamos hablando de José Luís Abós. Pues ese jugador increíble que es Marín, encendió la mecha de un equipo que no encontraba espacios, y que sentenció, con tinta de plata, tres triples de escándalo en el tercer cuarto. Sin lo cuales no seguiríamos siendo colíderes. Kody, ese último fichaje que ha revolucionado el vestuario, salió al parqué a morder, remontado el vuelo que parecía un tanto perdido. En los últimos compases del encuentro un fallo garrafal, de los que sentencian a un jugador, de Rubén Martínez, hizo que el resultado final fuera nuestra victoria, y por ende ese puesto en la clasificación, que todavía no hemos conseguido asimilar plenamente, de colíderes.
Cuando se evocan recuerdos pasados, momentos en los que el club ha sido grande, y uno mira el pabellón con menos gente de la que merecemos, siente nostalgia. Iñaki de Miguel es el mejor exponente de lo que fue una buena era, pero es mejor sentirse orgulloso de éste nuevo momento, con un equipo que luchar por salir del barro, que es colíder con todo en su contra, éste es el momento de Vidal y de Marín, es el momento de seguir ciegamente a Kuko en su empeño en olvidar el pasado y centrarnos en el futuro.
Javier Caro.
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