Viendo el mundial de baloncesto, ese mundial que nos convierte en el epicentro del mundo baloncestístico por unos días, y que parece desaparecido por la cadena que tiene sus derechos televisivos, pienso en esa segunda selección que está sentada en el banquillo.
Juan Antonio Orenga, que ya está bien curtido, pese a llevar relativamente poco tiempo en el puesto, con la selección y su bronce en el Eurobasket de Eslovenia, sabe que la selección, a la que le queda cuerda para rato, necesita ir fogueando y trabajando con las nuevas promesas- realidades del baloncesto nacional. La ilusión porque éste proyecto no se quede en una gran añada de jugadores, sino que sirva de cantera de próximas selecciones nacionales triunfadoras y valientes, pasa por las manos de entender que progresivamente habrá que darles minutos a los más jóvenes. Chicos con un talento especial, gente como Ricky Rubio, que con 23 años es una estrella en los Minnesota Timberwolves o nuestro valenciano Víctor Claver de 25 años y fantástico alero de los Portland Trail Blazer. Quizás sea el último mundial para algunos jugadores que han sido, y siguen siendo en éste campeonato, verdaderos estandartes de una selección ganadora como pocas. Calderon, que lo ha ganado todo con España o Felipe Reyes, que también puede presumir de tener colgadas en su casa medallas de todos los metales con la selección. Pero hay que seguir mirando a ese banquillo, que será el que coja el testigo de estos deportistas que han encumbrado a España al Olimpo del baloncesto, y disfrutar con los jugadores que están sentados. La lista de jóvenes que ya están en esta mundial sigue con Alex Abrines, que milita en el Barcelona, actual campeón de la liga y para cerrar Ibaka que pivota en Oklahoma City Thunder.
Y esa es la verdadera ilusión, la de saber que estos años que estamos viviendo en el mundo basket, van a seguir con trabajo y con cantera, porque sin la juventud de los que vienen desde atrás con mucho ímpetu, esto carecería de emoción, si supiéramos, aunque fuera por un momento, que no hay sustituto para Gasol y compañía, apagaríamos la televisión, no nos abonaríamos a ningún club y sólo veríamos NBA. Seguramente Calderos o Reyes están muy tranquilos sabedores del talento que viene pegando fuerte.
El Lucentum, que vuelve de las tinieblas a la luz, tiene ese mismo objetivo, el de contagiarnos la ilusión, con jugadores jóvenes como Javier Marín, que viene del Basket Cai Zaragoza, con toda la experiencia acumulada de la liga ACB, y otro más que llega con ganas de crear ilusión es Adrián Fuentes, que sabe lo que es bregar en una división dura como la Adecco Oro. Estos dos sumados a Eduardo Guillen, Joan Pardina, o Sergio Vidal darán vida de nuevo al Pabellón Pedro Ferrándiz y energía a los aficionados al Lucentum. Otros clubes de esta categoría, o cualquier otra, tienen plantillas con veteranos, con jugadores que se han partido la cara en mil fregados, pero que también tienen una edad. El Lucentum ha visto, con muy buen ojo, que un nuevo renacer necesita de sangre joven, jugadores que quieran ir a por todas, que se sientan especiales por esta posibilidad y que consigan, como un virus benigno, contagiar a los aficionados del baloncesto de la ciudad, y que vean que los cinco que estén en la cancha, como los jóvenes de la selección, van a darlo todo, porque ellos, más que otros, todavía tienen la rabia de los que quieren comerse el mundo.
Javier Caro.
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