Pondría la mano en el fuego, y dudo que me la quemase, al pensar que los españoles de finales de 1500 ya estaban fanfarroneando con la victoria española y su “Armada Invencible”, aunque volvieron a España 87 barcos de los 127 que partieron de Lisboa, aquello fue un fracaso. Quizás está en la carga genética española desde entonces vender la piel del oso antes de comprarla, ¿no?.
En el mundial de baloncesto nos las prometíamos muy buenas, normal, somos todavía una selección muy fuerte, bronce en el 2013 en Eslovenia, y encima jugábamos en casa, ¿qué más necesitábamos para estar crecidos?. Pues una fase de grupos de ensueño, donde España arrasaba sin problemas, dándoles a las otras selecciones con nuestra particular falcata en forma de hermanos Gasol, Ricky Rubio o Ibaka.
Los aficionados íbamos hinchados, los medios ya nos daban por vencedores, algunos hablaban de la final como algo hecho, o pactado, como si la final de las finales fuera España - EE.UU, y en verdad, la cosa era cierta, todo estaba destinado a esa final.
Marc Gasol fue padre, y se fue hasta Barcelona a ver a su hija, al acontecimiento familiar le acompañó Pau. Quizás estaban cansados ante Francia, a la que habíamos ganado en Granada, y que sin duda sabía cómo jugarle a España. Una Francia que llegaba al partido sin sus jugadores estrella, Tony Parker y Joakim Noah, y que ya sabían lo que era sucumbir a la selección española. Pero cuando alguien pierde, siempre saca cosas en claro, aprende de sus errores, y evidentemente, es mucho más peligroso que otro oponente. Esta máxima quizás no la sabía Orenga, o se le debió olvidar.
Al final nos ganaron, podríamos decir mil cosas pero un marcador como un 65-52, es difícil de contestar. Orenga no supo qué hacer, su frente sudaba al contemplar como los triples nos rehuía, 1 de 11, y los franceses peleaban cualquier balón. Como siempre, la afición pidió la cabeza del entrenador al más puro estilo francés, aguillotinándolo en el parqué, con el recuerdo puesto en otros entrenadores, que bien es cierto que tenían más preparación en estas lindes, como Sergio Scariolo o Pepu Hernández. También hemos de reconocer que la memoria es frágil, y pese al sufrimiento, España obtuvo el bronce en el Eurobasket de 2013, campeonato, que por cierto, ganó Francia. Así que el seleccionador debía tener la confianza de la Federación.
Como viene siendo habitual en el deporte español, por lo menos del que se esperan triunfos y se da por hecho que se lograrán, la dimisión de Orenga sobrevoló la cabeza de prensa, público y seguramente hasta de los propios jugadores. Pero no dimitió. De hecho el presidente de la Federación Española de Baloncesto, José Luís Sáez, explicó que el entrenador iba a seguir. Sin duda no podemos echarle la culpa o sorprendernos, al menos la selección española de baloncesto ha llegado a los cuarto, porque en fútbol, en éste verano, se ha vivido la misma situación: una selección que lo iba a ganar todo por decreto ley, porque siempre pensamos que el resto de equipos no juegan, sino que van a pasar el rato, y un seleccionador que no dimite, que no se le despide, que no se le toca, y para más inri, ellos, los futbolistas, cayeron en la fase de grupos. Si en el deporte rey las cosas son así, ¿por qué iban a ser de otro modo en el baloncesto?.
Es incompresible como a Federación no despide a Orenga, no por haber perdido, sino por no haber cumplido con los objetivos que se marcaba la selección, que con ese nivel debe, es más, tiene que aspirar a todo y no a cuartos de final, con derrota humillante de regalo. Otra veces las federaciones, que no dejan de ser direcciones ejecutivas con ínfulas de empresa, acometen destituciones poco claras y totalmente fuera del contexto deportivo, algo que debe ser siempre lo que sustente un despido en éste ámbito. Como por ejemplo la destitución que realizó Fernando Carpena de la Federación Española de Natación, a la seleccionadora española de natación sincronizada, Anna Tarrés, que después de volver de los Juegos Olímpicos de Londres, fue despedida por teléfono.
Tarrés había vuelto a suelo español con dos medallas: una plata en dúo y un bronce en equipos, además de ese magnífico medallero olímpico, en su trayectoria con la selección había logrado 4 medallas olímpicas, 25 mundiales y 25 europeas. Aunque siempre fue una profesional dura y que no se callaba nada, algo tal vez peligroso si quieres conservar tu puesto.
Si después de ese bagaje profesional se le despide de esa modo tan indolente, entonces cabe la reflexión de ¿qué criterios tienen o siguen las diferentes federaciones para destituir seleccionadores nacionales?. Quizás haya que perder pero no abrir mucho la boca, no vaya a ser que luego te lleves una reprimenda por expresar lo que sientes con amargura, como hizo Juan Carlos Navarro, cuando dijo “No hemos preparado bien el partido”, y el presidente de la Federación de Baloncesto lo reprendió por sus palabras.
Quizás para estar de seleccionador sólo haya que ver, oír y callar, aunque pierdas.
Javier Caro
No hay comentarios:
Publicar un comentario